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¿Qué significa el nacimiento de Cristo para el mundo?
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Francisco Ibañez

Hablar de la Navidad es hablar de un evento de carácter mundial que penetra en todas las áreas que se consideren de la vida. Vemos estas fiestas, de una u otra manera, manifiesta en nuestros hogares, en la oficina, en la calle, en los comercios, en la televisión, internet, todos los medios de difusión, redes sociales, y mucho más. Todo parece tratarse de la navidad.
Hace mucho tiempo, una vez me preguntaron cómo celebrábamos la Navidad nosotros los cristianos. En aquella ocasión yo contesté rotundamente: "La celebramos con el verdadero significado que tiene." Esa respuesta no cayó bien a quienes me preguntaron y, luego de haberlo pensado mejor, me di cuenta que no fue mi mejor respuesta. Tratando de ser espiritual, mi pensamiento juicioso se interpuso queriendo hacer la obra que Dios hubiera hecho en ese momento. Pienso que uno siempre tiene mejores respuestas cuando ya acabó la discusión. Aun no sabía defender muy bien mi fe, y es algo que se aprende con el tiempo.

 

No puedo evitar a veces reaccionar de esa manera al ver cómo el verdadero sentido de la Navidad se va opacando con tantos otros elementos que, tal vez en primera instancia no sean malos, pero ofuscan lo que Cristo vino a hacer, y lo que significa para nosotros, la humanidad. Pero es importante dejar que la gloria de Dios se manifieste antes que nuestras emociones. Por eso hoy pienso en eso y entiendo que esa gloria divina no necesita ser manifestada, sino dejarla ser como es. Cristo se manifiesta solo.

 

¿Qué significa la Navidad para la humanidad? El anuncio del ángel a José fue el siguiente:

"Dará [María] a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús,porque él salvará a su pueblo de sus pecados." (Mateo 1:21)

 

La promesa del nacimiento de Cristo era el acontecimiento más maravilloso de la historia del mundo, donde la humanidad caída por causa de sus pecados por fin encontraría una salida, una respuesta al vacío del alma. Ese sentimiento de haber sido abandonados a nuestra suerte y tratando de mejorar al mundo a fuerza de guerras y disputas podía por fin llegar a su fin. El nacimiento de Cristo no sólo representa una división histórica, o la aparición de un hombre de alta moral que vino a instaurar una nueva religión o escuela de pensamiento. Cristo vino a restaurar a un mundo caído enteramente, a minar los corazones duros por la maldad y escribir en ellos la ley de Dios para salvación de las almas. No es un acontecimiento humanamente histórico; es espiritualmente trascendente y único. Nunca vendrá otro Jesús, nunca vendrá otra salvación, nunca Dios manifestará su amor y misericordia como en aquel pesebre, porque no hace falta otro Jesús; Él es todo suficiente. Esa promesa cumplida nos impulsa a reaccionar como los pastores de la zona:

 

"Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído, pues todo sucedió tal como se les había dicho." (Lucas 2:20)

 

Así es. El nacimiento de Cristo no es sólo un hecho "interesante", sino que es lo que el ángel anunciaba:

 

"Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo»." (Lucas 2:10)

En estas fechas debemos dejar que la gloria de Dios se manifieste en nosotros y los demás. Si alguien te pregunta: "¿Cómo celebran la Navidad ustedes?", simplemente debemos hablar del profundo, inmensurable e insondable amor de Dios hacia el mundo que dio a su Hijo para que todos los que crean tenga vida eterna. Celebramos el nacimiento de Cristo, es decir, el nacimiento de la promesa manifiesta de Dios, de la esperanza del mundo, del tiempo nuevo donde los hombres pueden acercarse a Cristo y decir: "Este que veo nacer por mi en un pesebre, puedo ver también morir en una cruz por mi, y saber que nadie jamás me amó tanto como Él."

 

¿Qué es la Navidad? La Navidad es una celebración de la gloria de Dios y de la sabia decisión, la buena voluntad, que el hombre puede tener de aceptar a Cristo en su corazón, profundamente agradecido, arrepentido de sus pecados y confiando que sólo Él puede salvarle. Y podemos decir con los ángeles:

 

"Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad." (Lucas 2:14)